Desde hace una o dos semanas he tenido ciertos roces con un amigo. Para mí, este amigo significa mucho más que un simple individuo con el cual reírme un rato. Es como un segundo padre, el amigo al cual más aprecio y una fuente de reflexiones. Aunque, ciertamente, hay veces en que quisiera tirarlo escaleras abajo... Curiosamente, es un profesor. Es el único profesor de Artes del colegio, y en mi opinión, el mejor.
Hace unas semanas surgió un problema a raíz de rumores llenos de una envidia en trasfondo. El resultado fue ignorarme en público; y yo, por mi parte, ignorarlo cuando me lo encontraba... nada más que por pura frustración.
Por algún motivo que escapa a mi razón, la indiferencia siempre ha sido algo que me molesta. Y más que molestarme, me produce una dolorosa puntada en el fondo de mi esencia. Suelo relacionar la indiferencia con un rechazo a mi presencia, a mi forma de ser... ¡Y qué más doloroso que te rechacen por ser tú mismo, como eres...! En realidad, no tenía ni la más mínima idea del peso real que tenía la acción "ignorar"... hasta ahora, creo. Y si bien no sea la respuesta definitiva y absoluta, al menos es la primera arista que le veo a este oscuro vértice...
Conversando con una amiga hace unos días acerca de este tema, me comentó que el profesor de filosofía (con el que me llevo relativamente bien, salvo por una que otra diferencia más bien personal-ideológica) había expuesto su punto de vista con respecto a la indiferencia y al ignorar. Obviamente relacionado con el respeto. Según su visión, cuando ignoras a alguien, estás negando su presencia, su existencia. lo niegas como ser... En verdad, cuando lo pienso, no deja de tener razón... Cuando ignoras a alguien, vulgarmente finges que no está, que no existe... ¡Y eso es negar a la persona! Tal vez fue sin querer, pero aquella simple explicación me aclaró una duda que había tenido toda mi vida... Qué curioso: Andrés aparece y se van aclarando mis dudas internas... y apareciendo otras, también. Por su acción directa o indirecta, junto con otros más, me voy hundiendo día a día un poco más en el pozo del cuestionamiento.
El caso lo aplico a lo siguiente: este amigo mío, tan significativo para mí, optó por ignorarme a raíz del problema surgido. Y cuánto dolió aquello... no se me habría ocurrido nunca que él me ignoraría. Y más dolió cuando recordé el significado de la indiferencia según Andrés. ¿Así que me estabas negando?... Bueno, después de hablarlo, me encontré con la sorpresa de que "fingía ignorarme". Apsss, bueno. Entonces me da igual... Qué curiosa es la reacción cuando se ignora y se finge ignorar... Al fin y al cabo, sea real o no, ¿no es apartarte? ¿No es dejarte de lado?
* * *
P.S.: Un abrazo afectuoso a estos dos hombres que, a propósito o no, me han hecho despertar nuevamente al universo del cuestionar. Sé que leerán esto. :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario