Esta mañana me levanté pensando en mi perrita. Anoche había soñado con ella y ese sentimiento de maternidad amaneció nuevamente renovado. Generalmente, cada mañana me levanto con algún tema en mente y medito acerca de él. Hoy tocó el de "dar de mí misma" o más bien "dar de sí mismo" en forma genérica, ya que es aplicable a todos... creo.
Desde que Kimba llegó a la casa, supe que era una perrita especial. Apareció de pronto, sin avisar a nadie... pero en el momento justo. Mi familia atravesaba un momento de tensión. Cada quien iba por su lado, hacía lo suyo sin comunicarse con nadie. La frialdad entre nosotros estaba convirtiendo la casa en un castillo de hielo, y Kimba llegó como un rayo de luz a desencajar en el esquema. ¡Era tan pequeña y tan frágil! ¡Y estaba tan asustada! Todavía recuerdo cómo miraba con temor las caras nuevas que la adoptaban y cada objeto de la casa. ¡Ni se movía de su caja! Pero todos girábamos en torno a ella: que esté cómoda, cerca de la estufa, que tome su leche, que salga al jardín a hacer sus necesidades... Y mientras nos preocupábamos de ella, nos uníamos como familia. Y ella nos miraba a todos y nos correspondía los cuidados lamiéndonos las manos una y otra vez. Yo fui la más cercana a ella... ¡Es que era tan pequeña! A menudo la cargaba y la dejaba durmiendo en mi pecho; tanto así que se volvía loca de alegría cada vez que me veía. Supongo que esa es la razón del lazo tan fuerte que nos une.
Con el paso de los días, Kimba se fue fortaleciendo y empezó a crecer. Ya corría por el living de la casa y se arrancaba a explorar las habitaciones. Más de una vez se orinó en una de ellas y ponía cara de "¡Perdón, no me aguanté!" mientras mi madre la reprendía. Con cada día, fue absorbiendo una parte de la personalidad de cada uno de nosotros, y nos fue conociendo a tal punto que sabía cuándo estábamos con pena o enojados, dándonos cariñosas lamidas de consuelo hasta que nos mejorábamos. Era realmente despierta y cariñosa, además de inteligente... bueno ¡es!: todavía vive.
Con Kimba he ido descubriendo muchas cosas. Incluso cosas de mí misma que no sabía. Mucho de lo que ella es, es lo que yo soy; y gracias a eso he ido aprendiendo a comprender por qué a veces la gente se molesta conmigo. Será un animalito, no hablará ni sabrá leer... pero con una mirada es capaz de explicar mil cosas.
La verdad es que la observo mucho. Suele dar de sí misma en la misma proporción a lo que a ella le dan. Y también la he visto triste y apartada cuando en casa surgen discusiones. Le gusta la paz, un ambiente de cariño y humor, y trata de dar todo lo que puede para que esto sea así. Pero hay cosas que escapan a su buena intención... tal vez por eso se deprime tanto...
Pensando en ella y en todo esto derivé a la vida entre personas. Hay algunos que llegamos solitos y temerosos a un lugar donde la tensión abunda. Y hacemos que, con nuestra personalidad, las cosas tomen un curso diferente. A veces lo conseguimos, pero otras veces hay cosas que escapan de nuestro esfuerzo, como le pasa a Kimba. Cuando eso pasa, nos bajoneamos y pensamos que tal vez estamos dando muy poco de nosotros o que nada vale la pena. Nos mantenemos entonces pensando que sólo vamos a dar de nosotros en la medida que nos retribuyan, porque si no, no vale la pena, no tiene caso. ¿Pero saben? Kimba sale de su bajón y vuelve a dar alegría cuando se le dedica una mirada, por fugaz que sea. Es como si tuviera firme la obstinada idea de cambiar al mundo. No dejará de dar de sí misma pase lo que pase.
Ayer la sacamos a pasear al centro de la ciudad. ¡Estaba tan contenta! Saltaba alegremente a saludar a todo aquel que pasara cerca suyo: niños, adultos con el ceño fruncido... ¡cómo se sorprendían con el cariño que Kimba les daba! Incluso, en un momento, pasó una chica en una silla de ruedas eléctrica... ¡cuánto se alegró cuando Kimba subió en sus piernas y comenzó a lamerle la cara! Me pareció tan increíble la capacidad de dar de mi perrita... No le importa si le devuelven sus gestos de cariño con una sonrisa o una caricia en la cabeza, ella es feliz dando amor y alegría...
Ahora que lo repaso, esa salida me dejó muchas cosas en qué pensar... Una perrita capaz de dar de sí misma sin esperar respuesta; y yo, tú y tantos otros que no somos capaces de dar a los demás a no ser que nos devuelvan las atenciones... ¡qué estilo de vida más egoísta! Llegué a avergonzarme de mí misma. Tan superiores que nos creemos con respecto a los animales, y no somos capaces de dar ni la mitad de lo que ellos dan sin esperar nada a cambio... Tan complejos que nos consideramos, que no podemos cumplir con las cosas más simples de la vida...
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